Noticias

Tu bebé no habla, pero entiende más de lo que crees

Escrito el 6 de diciembre de 2017
156138-kzcB--620x349@abc

El significado de los balbuceos y chillidos de los bebés puede ser un galimatías ininteligible para los padres, pero a una edad en la que estas criaturas aún no son capaces de articular palabra, son ávidos aprendices del lenguaje. Esto es lo que cree Elika Bergelson, profesora en la Universidad de Duke, que en 2012 demostró que los niños de seis a nueve meses ya tienen una comprensión básica de las palabras para los alimentos y las partes del cuerpo. En un nuevo estudio publicado en la revista PNAS, su equipo ha utilizado un software de seguimiento ocular para mostrar que los bebés también reconocen que el significado de algunas palabras, como coche y cochecito (la sillita de paseo), es más parecido (tienen vínculos semánticos) que el de otras, como coche y zumo. Además, su conocimiento del lenguaje tiene relación con la cantidad de tiempo que oyen a sus cuidadores hablar sobre objetos en su entorno inmediato.

«Aunque no hay muchas señales claras de conocimiento del lenguaje en bebés, definitivamente se está desarrollando furiosamente bajo la superficie», afirma Bergelson. «Incluso en las primeras etapas de la comprensión, los bebés parecen saber algo sobre cómo las palabras se relacionan entre sí», añade.

Para medir la comprensión de las palabras, Bergelson invitó a los bebés y sus cuidadores a un laboratorio equipado con una pantalla de computadora y algunas otras distracciones infantiles. A los bebés se les mostraron pares de imágenes relacionadas, como un pie y una mano, o sin relación, como un pie y un cartón de leche. Para cada par, se pidió al cuidador (que no podía ver la pantalla) que nombrara una de las imágenes mientras un dispositivo de seguimiento ocular seguía la mirada del bebé.

Bergelson descubrió que los bebés pasaban más tiempo mirando la imagen que era nombrada cuando las dos imágenes no guardaban relación alguna que cuando estaban relacionadas. «Puede que no sepan el significado adulto de una palabra en toda regla, pero parecen reconocer que hay algo más similar sobre el significado de estas palabras», dice la investigadora.

Bergelson quería investigar cómo el rendimiento de los bebés en el laboratorio podría estar relacionado con el lenguaje que escuchan en casa. Para echar un vistazo a la vida cotidiana de los bebés, envió a cada cuidador a casa con un chaleco de bebé colorido con una pequeña grabadora de audio y les pidió que usaran el chaleco para grabar el audio de los niños durante todo un día. También usó pequeños sombreros equipados con grabadoras de vídeo del tamaño de un lápiz labial para recopilar vídeos de una hora de cada bebé interactuando con sus cuidadores.

Un bolígrafo y un león

Al examinar las grabaciones, Bergelson y su equipo categorizaron diferentes aspectos del habla a los que los bebés estaban expuestos, incluidos los objetos nombrados, en qué tipo de frases, quién las dijo y si los objetos nombrados estaban presentes o no. «Resultó que la proporción del tiempo que los padres hablaban sobre algo cuando realmente estaba allí para ser visto y aprendido se correlacionó con la comprensión general de los bebés», señala Bergelson.

Por ejemplo, si un padre dice «aquí está mi pluma favorita», mientras sostiene un bolígrafo, el bebé podía aprender algo sobre bolígrafos. Por el contrario, si un padre dice «mañana vamos a ver a los leones en el zoológico», es posible que el bebé no tenga ninguna pista inmediata que le ayude a entender qué significa león.

«Este estudio es un primer paso emocionante para identificar cómo los niños pequeños aprenden palabras, cómo se organiza su léxico inicial y cómo el lenguaje que escuchan da forma al mundo que les rodea o les influye», dice Sandra Waxman, profesora de psicología en la Universidad Northwestern que no participó en el estudio.

Pero, advierte Waxman, es demasiado pronto para sacar conclusiones sobre cómo los cuidadores deberían estar hablando con sus bebés. «Antes de que alguien diga ‘esto es lo que los padres deben hacer’, necesitamos más estudios para descubrir cómo la cultura, el contexto y la edad del bebé pueden afectar su aprendizaje», subraya. Eso sí, «lo que siempre aconsejo a los padres es que cuanto más puedan hablar con su hijo, mejor», añade Bergelson. Porque, como asegura, «están escuchando y aprendiendo de lo que dices, incluso si no parece ser así».


Fuente: abc.es

 

 

 

Educación Inicial. Fundación Carlos Slim. Aviso de privacidad-Ver Mapa